Tierras Apícolas nació hace ya unos años con una idea bastante sencilla: crear un espacio útil para los apicultores.

Desde entonces el proyecto ha ido creciendo y probando distintos caminos. Hemos publicado cientos de contenidos, creado una comunidad de apicultores, puesto en marcha el Observatorio y los Pulsos Apícolas, desarrollado APIGEST y creado una Red Estatal de Retirada de Enjambres que conecta avisos de ciudadanos con apicultores de distintas zonas.

Algunas iniciativas han funcionado mejor que otras. Algunas han tenido que quedarse por el camino. Y otras siguen buscando su sitio.

Pero detrás de todas ellas siempre ha habido una misma idea: compartir información, experiencias y herramientas que puedan resultar útiles a quienes trabajamos con abejas.

Ahora quiero intentar dar un paso más y, al mismo tiempo, simplificar el proyecto.

Tierras Apícolas quiere convertirse en un Club de apicultura

No significa cerrar lo que hasta ahora era gratuito.

El blog seguirá publicando contenidos abiertos. La newsletter seguirá llegando a quienes están suscritos. Nuestra comunidad de WhatsApp continuará siendo un espacio gratuito donde preguntar, compartir experiencias y comentar lo que ocurre en los colmenares. Y la Red de Enjambres seguirá conectando a ciudadanos y apicultores.

Todo eso forma parte de Tierras Apícolas y quiero que siga siendo así.

Pero alrededor de esa comunidad abierta quiero construir también el Club Tierras Apícolas, sostenido por aquellos apicultores que quieran implicarse un poco más en el proyecto.

La cuota será de 49 euros al año, menos de un euro a la semana.

Los socios tendrán acceso a contenidos e informes exclusivos, los resultados completos del Observatorio Apícola, recursos y documentos prácticos y una biblioteca de conocimiento que iremos construyendo poco a poco.

También tendrán incluido el acceso a APIGEST, nuestro cuaderno digital para la gestión de colmenares.

APIGEST no será el centro del Club. Será una herramienta más.

Porque cada vez tengo más claro que uno de los mayores recursos que tenemos es otro: el conocimiento de los propios apicultores.

Que las conversaciones no se pierdan

En nuestra comunidad de WhatsApp aparecen continuamente preguntas, experiencias y conversaciones interesantes.

Un apicultor cuenta lo que está observando con la varroa. Otro explica cómo está alimentando. Alguien pregunta por un tratamiento, por un problema de cría o por determinado material. Apicultores de distintas zonas cuentan cómo viene la campaña.

El problema de WhatsApp es que todo eso desaparece rápidamente bajo nuevos mensajes.

No quiero sustituir WhatsApp por un foro ni obligar a nadie a utilizar otra plataforma. Prefiero aprovechar el lugar en el que la comunidad ya está hablando.

Pero sí quiero empezar a recoger, ordenar y elaborar parte de ese conocimiento colectivo, contrastándolo cuando sea necesario con información técnica, para que no se pierda y pueda convertirse en informes, artículos y recursos útiles para los socios.

El Club también puede servir para eso: convertir experiencias dispersas en conocimiento que permanezca.

También necesitamos a las empresas del sector

La segunda pata que puede hacer sostenible Tierras Apícolas son las empresas.

Tiendas apícolas, fabricantes, criadores de reinas, laboratorios, empresas de alimentación, maquinaria, sanidad, formación y otros profesionales tienen en Tierras Apícolas una audiencia muy concreta: apicultores.

Por eso queremos ofrecerles una fórmula sencilla de colaboración y publicidad, con presencia en la web, nuestro directorio y la newsletter.

No queremos llenar Tierras Apícolas de publicidad. Queremos contar con un grupo de empresas colaboradoras que, además de dar a conocer sus productos y servicios, contribuyan a hacer posible el proyecto.

Y ahora viene la parte más difícil

Durante estos años he dedicado muchas horas a Tierras Apícolas.

Horas escribiendo artículos, buscando información, preparando newsletters, desarrollando herramientas, hablando con apicultores, poniendo en marcha iniciativas y probando ideas que unas veces han funcionado y otras no.

Buena parte de ese trabajo se ha hecho sin una contrapartida económica que permita sostenerlo a largo plazo.

Y creo que ha llegado el momento de ser claro con esto.

Tierras Apícolas necesita encontrar una forma de ser sostenible.

No pretendo convertirlo en una gran empresa ni vivir de ello. Pero un proyecto de estas características necesita recursos y, sobre todo, necesita justificar el tiempo y el trabajo que requiere mantenerlo vivo.

Por eso esta nueva etapa es también una prueba.

Quiero comprobar si existe una comunidad suficiente de apicultores dispuesta a sostener Tierras Apícolas mediante una pequeña cuota anual y si las empresas del sector consideran interesante apoyar el proyecto mediante publicidad y colaboración.

Si conseguimos esa base, podremos seguir mejorándolo, publicando contenidos, desarrollando el Observatorio, manteniendo nuestras herramientas y poniendo en marcha nuevas iniciativas.

Y, si no la conseguimos, tendremos que aceptar que quizá Tierras Apícolas ha llegado hasta donde podía llegar.

No digo esto para dramatizar ni para presionar a nadie. Al contrario. Después de todo el tiempo y el trabajo invertidos, creo que quienes seguís Tierras Apícolas merecéis saber cuál es la situación.

¿Quieres ayudarnos a seguir?

Hay muchas formas de hacerlo.

Puedes seguir leyendo y compartiendo nuestros artículos. Puedes participar en la comunidad. Puedes responder a los Pulsos Apícolas. Puedes recomendar Tierras Apícolas a otros apicultores.

Y, si consideras que todo este trabajo merece la pena y quieres contribuir directamente a que continúe, puedes hacerte socio del Club Tierras Apícolas por 49 euros al año.

Si tienes una empresa relacionada con la apicultura, también puedes apoyarnos convirtiéndote en empresa colaboradora de Tierras Apícolas y dando a conocer tus productos o servicios entre nuestra comunidad.

No sé todavía hasta dónde llegará esta nueva etapa.

Eso dependerá, en buena medida, de la respuesta que encontremos al otro lado.

Pero creo que merece la pena intentarlo.

Porque después de estos años sigo pensando que hay algo valioso en la idea con la que empezó todo: crear un lugar donde los apicultores podamos encontrar e intercambiar información, compartir experiencia y aprender unos de otros.

Ahora toca comprobar si entre todos podemos hacer que ese lugar siga vivo.

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