Los incendios forestales de este verano están dejando una profunda huella en numerosas zonas rurales de España. Junto a las hectáreas de monte arrasadas, las viviendas, explotaciones ganaderas y cultivos afectados, el fuego está teniendo también un importante impacto sobre un sector especialmente ligado al territorio: la apicultura.
Madrid, Guadalajara, Castilla y León o Andalucía son algunos de los territorios donde los apicultores han sufrido directamente las consecuencias de las llamas. Y el problema no termina con las colmenas que han ardido. Para muchas explotaciones, la desaparición de la vegetación supone quedarse sin recursos para mantener a las colonias supervivientes y perder durante varios años algunos de sus asentamientos apícolas.
Más de 1.000 colmenas destruidas en la Sierra Oeste de Madrid
Uno de los últimos balances procede de la Sierra Oeste de Madrid.
Según ha informado Telemadrid, el incendio ha arrasado más de 1.000 colmenas y los apicultores afectados calculan que podrían haber muerto alrededor de 100 millones de abejas.
Uno de ellos, Iván del Río, perdió 80 colmenas en Navas del Rey. En algunos de los colmenares alcanzados por las llamas apenas quedaron las tapas metálicas de las cajas.
Pero los apicultores que consiguieron salvar parte de sus colmenas se enfrentan ahora a otro problema: el entorno que proporcionaba alimento a las abejas ha desaparecido.
La destrucción de la cubierta vegetal obliga a trasladar las colonias supervivientes a otras zonas en las que puedan encontrar recursos. Esta situación resulta todavía más complicada para las explotaciones ecológicas, que necesitan encontrar emplazamientos y alimentación compatibles con los requisitos de certificación.
Guadalajara: 4.700 colmenas afectadas en 72 explotaciones
El incendio de la Sierra Norte de Guadalajara ofrece otro ejemplo de la magnitud que pueden alcanzar estos daños.
La Diputación de Guadalajara cifra en aproximadamente 4.700 las colmenas pertenecientes a 72 explotaciones apícolas seriamente afectadas por el incendio. Ante la situación de las colonias que consiguieron sobrevivir, la institución provincial ha puesto en marcha una medida de emergencia para proporcionar alimentación a las abejas.
Los testimonios de los propios apicultores permiten entender mejor lo que significan estas cifras.
Fernando Ajenjo, presidente de la Asociación de Protección de la Abeja Ibérica, perdió 150 de las 350 colmenas que mantenía en la zona afectada por el incendio de La Mierla, que arrasó unas 32.000 hectáreas.
El problema de las colmenas que permanecieron en pie era inmediatamente visible: alrededor de ellas había desaparecido prácticamente toda la vegetación de la que dependían las abejas.
Salvar una colmena del fuego, por tanto, no significa necesariamente haberla salvado de las consecuencias del incendio.
Andalucía: preocupación por el futuro de miles de colmenas
También Andalucía afronta importantes daños sobre territorios de gran tradición apícola.
Tras el incendio de Niebla, que ha afectado a amplias zonas de Huelva y Sevilla, la Junta de Andalucía ha iniciado la tramitación de la declaración de desastre natural con medidas dirigidas, entre otros sectores, a la apicultura y la ganadería extensiva.
La importancia de la actividad apícola en algunas de las zonas afectadas ayuda a dimensionar el problema. El Ayuntamiento de Aznalcóllar cifra en alrededor de 30.000 las colmenas existentes en el municipio, uno de los principales núcleos apícolas de la provincia de Sevilla.
Aunque esto no significa que todas ellas hayan resultado dañadas directamente por las llamas, la destrucción de la vegetación puede comprometer seriamente los recursos disponibles para una concentración tan elevada de colonias.
Castilla y León establece ayudas por colmena destruida
Los incendios también han afectado este verano a explotaciones apícolas de Castilla y León.
La Junta ha comenzado a conceder ayudas a agricultores, ganaderos y apicultores profesionales afectados por los fuegos y ha establecido además los baremos para valorar determinados daños.
En el caso de la apicultura, la cantidad fijada es de 160 euros por cada colmena destruida.
A mediados de agosto se habían concedido ya 1,86 millones de euros a 339 agricultores, ganaderos y apicultores profesionales, con una ayuda inicial de 5.500 euros por explotación afectada, sin perjuicio de posteriores valoraciones de los daños.
En Salamanca, una de las provincias con mayor concentración de colmenas de España, las organizaciones apícolas han advertido, además, de que los incendios se suman a una campaña ya complicada por las altas temperaturas, la mortalidad de colonias y otros problemas sanitarios y ambientales. Algunas de las zonas quemadas podrían tardar cuatro o cinco años en volver a ofrecer un aprovechamiento apícola significativo.
El daño invisible: cuando sobreviven las colmenas pero desaparece el campo
La primera imagen de un incendio sobre un colmenar es evidente: cajas carbonizadas, panales derretidos y colonias enteras desaparecidas.
Sin embargo, una parte importante de las pérdidas apícolas comienza precisamente después de extinguirse el fuego.
Las abejas necesitan un territorio alrededor de la colmena que les proporcione néctar, polen, agua y resinas. Cuando miles de hectáreas de monte quedan calcinadas, las colonias supervivientes pueden encontrarse de repente en un auténtico desierto alimentario.
El apicultor tiene entonces pocas alternativas: alimentar artificialmente, trasladar las colmenas o buscar nuevos asentamientos.
Y encontrar nuevos lugares no siempre es sencillo. Los emplazamientos adecuados tienen que disponer de recursos suficientes, accesos, agua y condiciones compatibles con la normativa apícola, además de no provocar una concentración excesiva de colmenas sobre territorios que ya están siendo aprovechados por otros apicultores.
Por eso, contabilizar únicamente las colmenas quemadas ofrece una imagen incompleta del impacto real de un incendio sobre la apicultura.
Pérdidas que pueden prolongarse durante años
El daño tampoco termina en la campaña actual.
Una colmena destruida puede reponerse. Mucho más difícil es recuperar rápidamente un ecosistema capaz de mantener cientos o miles de colonias.
La regeneración de las especies de interés apícola dependerá del tipo de vegetación, la intensidad del incendio, el suelo y las condiciones meteorológicas de los próximos años. Algunas plantas pueden recuperarse relativamente pronto, mientras que determinados montes necesitarán varias temporadas antes de volver a proporcionar recursos suficientes.
Durante ese periodo se pierden asentamientos, cosechas y posibilidades de trashumancia.
Además, los apicultores tienen que asumir gastos adicionales de alimentación, transporte y reposición de material y enjambres precisamente después de haber perdido parte de su producción.
Las abejas también pueden formar parte de la recuperación
Existe, además, una paradoja.
Las abejas son víctimas de los incendios, pero pueden convertirse posteriormente en aliadas en la regeneración de los ecosistemas afectados.
Cuando comienza a recuperarse la vegetación, los insectos polinizadores contribuyen a la reproducción de numerosas especies y a reconstruir progresivamente las comunidades vegetales.
Por eso, mantener la actividad apícola en los territorios afectados —cuando exista nuevamente alimento suficiente para las colonias— puede tener también un papel ambiental.
Los incendios de este verano vuelven así a poner de manifiesto la estrecha dependencia existente entre apicultura, biodiversidad y gestión del territorio.
Detrás de las cifras de hectáreas quemadas hay también miles de colonias, explotaciones familiares y asentamientos apícolas construidos durante años.
Y para muchos de los apicultores afectados, el incendio no terminó cuando se apagaron las llamas. La verdadera recuperación acaba de empezar.
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