La nueva normativa de etiquetado de la miel ya está en vigor en España. A partir de ahora, las mezclas deberán indicar los países de origen y el porcentaje que aporta cada uno. Analizamos qué cambia para consumidores y apicultores y por qué el sector considera esta medida un avance histórico.
Desde el pasado 14 de junio ha entrado en vigor en España una de las modificaciones más importantes de los últimos años en materia de etiquetado de la miel. Se trata de una reivindicación histórica del sector apícola, que llevaba años reclamando una mayor transparencia sobre el origen real de las mieles que llegan al mercado.
Aunque el cambio puede parecer técnico, sus implicaciones son importantes tanto para los consumidores como para los apicultores profesionales.
Adiós a las referencias genéricas
Hasta ahora era habitual encontrar en los lineales de los supermercados expresiones como:
- «Mezcla de mieles UE y no UE»
- «Mezcla de mieles procedentes y no procedentes de la Unión Europea»
Estas indicaciones ofrecían muy poca información al consumidor. Sabíamos que la miel procedía de varios países, pero no cuáles ni en qué proporción.
Con la nueva normativa, cuando una miel sea una mezcla de distintos orígenes, la etiqueta deberá indicar los países de procedencia y el porcentaje que aporta cada uno de ellos a la mezcla, ordenados de mayor a menor presencia.
Por ejemplo, una etiqueta podría indicar:
- España: 65 %
- Argentina: 25 %
- China: 10 %
De esta forma, el consumidor podrá conocer con mucha más precisión qué está comprando realmente.
Más transparencia para elegir
La medida busca mejorar la información disponible para el consumidor y facilitar decisiones de compra más conscientes. Hasta ahora, dos tarros aparentemente similares podían contener proporciones muy diferentes de miel nacional e importada.
La nueva regulación permite valorar mejor el origen del producto y aporta una mayor trazabilidad a toda la cadena comercial.
Una reivindicación histórica del sector apícola
Las organizaciones apícolas llevan años denunciando la dificultad de competir en igualdad de condiciones con determinadas mieles importadas a muy bajo precio.
La obligación de detallar los porcentajes de origen no resolverá por sí sola todos los problemas del sector, pero supone un paso importante para que el consumidor disponga de más información y pueda diferenciar mejor unas mieles de otras.
Muchos apicultores consideran que esta medida ayudará a poner en valor las producciones nacionales y a reforzar la confianza en el producto.
Otra novedad: desaparece la «miel filtrada» para consumo directo
La reforma también introduce cambios en la clasificación de algunos productos.
La denominada «miel filtrada», a la que se ha eliminado una parte importante del polen mediante procesos de filtración intensiva, deja de poder comercializarse como miel destinada al consumidor final y pasa a considerarse un producto para uso industrial.
Con ello se pretende preservar mejor las características naturales del producto y reforzar los criterios de calidad.
¿Es suficiente?
Probablemente no.
La mejora del etiquetado era una demanda necesaria y ampliamente compartida por el sector, pero muchos profesionales siguen reclamando un mayor control sobre las importaciones, mejores sistemas de detección de adulteraciones y una vigilancia más eficaz frente al fraude alimentario.
La transparencia es un avance, pero el futuro de la apicultura también dependerá de que el consumidor valore el trabajo de quienes producen miel de calidad y de que las administraciones continúen reforzando los mecanismos de control.
Una oportunidad para mirar las etiquetas
A partir de ahora, cuando compres un tarro de miel, dedica unos segundos a leer su etiqueta.
Quizá descubras que detrás de dos productos aparentemente similares existen diferencias importantes en cuanto a origen, composición y trazabilidad.
Y esa información, por fin, estará al alcance de todos.
