Cuando pensamos en las grandes floraciones para las abejas, solemos mirar a la primavera. Sin embargo, el verano también puede ofrecer importantes recursos para las colonias… siempre que sepan dónde encontrarlos.
Tras el final de muchas floraciones primaverales, las altas temperaturas y la escasez de lluvias reducen la disponibilidad de néctar y polen en buena parte del territorio. En muchas comarcas, julio y agosto representan un auténtico desafío para las abejas.
Afortunadamente, todavía existen cultivos y plantas silvestres capaces de proporcionar alimento en esta época del año.
El girasol: protagonista del verano
Si hay un cultivo que define el paisaje estival de muchas zonas agrícolas españolas, ese es el girasol (Helianthus annuus).
Miles de hectáreas florecen durante el verano y ofrecen a las abejas una importante fuente de néctar y polen. En muchas regiones, esta floración resulta decisiva para mantener la actividad de las colonias y participa en la elaboración de numerosas mieles de verano y mieles de milflores.
No todas las variedades producen la misma cantidad de néctar y la producción depende también de factores como la temperatura, la humedad o el manejo del cultivo. Aun así, el girasol continúa siendo uno de los grandes aliados de la apicultura estival.
Otras especies interesantes durante el verano
Además del girasol, existen otras plantas que pueden contribuir a la alimentación de las abejas cuando escasean las floraciones:
- Orégano, muy atractivo para numerosos polinizadores.
- Alfalfa en flor, especialmente en zonas agrícolas y de regadío.
- Tomillos de floración tardía, presentes en determinadas áreas de montaña.
- Compuestas silvestres, que prolongan la disponibilidad de alimento.
- Lavanda, que todavía puede encontrarse en flor en zonas de mayor altitud o con variedades más tardías.
La importancia de cada especie dependerá de la región, la altitud, el clima y las precipitaciones de cada año. Precisamente por eso resulta tan útil conocer las plantas melíferas presentes en el entorno de cada colmenar.
La diversidad floral es la clave
No existe una única planta capaz de cubrir todas las necesidades de una colonia.
Las abejas necesitan disponer de una sucesión de floraciones que les aporte néctar y polen durante toda la temporada. Cuanto mayor sea la diversidad floral del paisaje, mayores serán las posibilidades de que las colonias mantengan un buen estado nutricional incluso en los periodos más complicados.
Este conocimiento también ayuda a interpretar mejor el origen de nuestras mieles y a comprender cómo influye el entorno en la salud de las abejas.
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Porque cuidar de las abejas no consiste únicamente en manejar bien las colmenas. También pasa por conocer y proteger las plantas que las alimentan durante todo el año.
