Ayer estuve en un encuentro de emprendedores en Cuenca, organizado por ONE. Hubo una mesa redonda que me removió más de lo que esperaba: se hablaba de las emociones al emprender. De la soledad, del miedo, de la presión invisible. De todo eso que no sale en los planes de negocio…
ONE es una iniciativa del Gobierno de España para fomentar el emprendimiento innovador y conectar a emprendedores, inversores y agentes del ecosistema. Un espacio donde compartir experiencias, aprender y construir redes que sostienen.
Mientras escuchaba a otros contar cómo lidiaban con sus momentos de bajón, me vino a la cabeza una escena de mi apiario: una abeja guardiana defendiendo la colmena. No dudaba, solo actuaba. Pero también, al mirar más de cerca, he visto cómo se «comunican» entre ellas cuando algo va mal. Con toques, feromonas, vibraciones.
Las abejas no tienen sistema nervioso central como el nuestro, pero eso no significa que no gestionen el «estrés». Cuando la colmena está en peligro, toda la comunidad entra en modo alerta: se reorganizan, cambian de roles, priorizan. Usan feromonas como la alarma Nasanov para reagruparse, o la feromona de ataque cuando hay una amenaza real.
Y ojo, no hay que olvidar un dato fascinante: una colmena, como familia, tiene tantas neuronas como un cerebro humano (unos 80.000 millones). Cada abeja, individualmente, actúa como si fuese una de esas neuronas, a pesar de que también posee un millón de neuronas por sí sola. Una mente colectiva en acción.
Y yo, que a veces no sé ni decir «necesito ayuda» sin que se me quiebre la voz.
Tal vez emprender sea un poco eso: aprender a ser colmena. A saber pedir apoyo, a detectar las señales, a rodearte de quienes entienden tus vibraciones.
Si te interesa descubrir más de este mundo apícola que tanto nos enseña, suscríbete a la Colmena Lab.
