Por fin, la normativa del etiquetado de la miel cambia. Y, aunque algunos dicen que no es suficiente, lo cierto es que es un paso de gigante en la dirección correcta.

Durante años, en los estantes de los supermercados nos han vendido «miel» que, en realidad, era un batiburrillo de orígenes desconocidos. Mezclas de mieles de distintos países sin detallar proporciones, microfiltradas hasta el punto de eliminar todo rastro de polen, lo que hacía imposible saber de dónde venía o de qué floración procedía.

Pero ahora, la cosa cambia.

Lo que la nueva normativa exige (y lo que significa para ti)

  1. Transparencia total: Las etiquetas deberán especificar los porcentajes de cada miel en la mezcla y su país de origen. No más misterios.
  2. Fin de la microfiltración: Se prohíbe eliminar el polen de la miel, lo que garantiza la trazabilidad y nos permite saber de qué zona y floración proviene.

Esto es un golpe directo para los importadores de miel barata de dudosa procedencia y una gran noticia para los apicultores honestos que producen miel de calidad.

Los apicultores lo tienen claro: aún no es suficiente

A pesar de que esta medida supone un avance, muchos apicultores creen que aún queda mucho camino por recorrer. Aseguran que, aunque la transparencia ha mejorado, el consumidor sigue sin conocer la diferencia entre una miel cruda, sin adulterar, y una miel industrial procesada que ha pasado por calentamientos extremos y ha perdido muchas de sus propiedades.

Pero lo que está claro es que esto es un primer paso. Un primer paso para devolverle a la miel su identidad, para que los consumidores puedan elegir con conocimiento y para que la apicultura de calidad tenga el lugar que se merece.

Y ahora, ¿qué?

Ahora es el momento de que los consumidores nos impliquemos. De que miremos las etiquetas con ojo crítico, de que preguntemos, de que exijamos. Porque la miel no es solo un endulzante: es un producto que encierra la esencia de la tierra, el trabajo de las abejas y el esfuerzo de los apicultores.

Así que, la próxima vez que compres miel, revisa bien la etiqueta. Y si todavía no dice todo lo que debería, exígelo. Porque la verdad sobre la miel debe salir a la luz.

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